La Fokonolona de Tsiafajavona

Un territorio de vida en Madagascar

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Foto: Mihanta T. Bakoliarimisa
Autor(es): Mihanta T. Bakoliarimisa

Se dice que la Fokonolona, o comunidad local, de Tsiafajavona desciende de los cinco hijos del rey Andriampenitra. El territorio de vida de la comunidad está parcialmente sobrepuesto a las 8130 hectáreas del Área Protegida de Manjakatompo-Ankaratra que está a una gran altitud. El territorio de vida consiste en al menos 16 000 hectáreas y se ubica en el distrito de Ambatolampy, a unos cien kilómetros al sur de la capital de Madagascar. Aloja la tercera montaña más alta del país, conocida como Ankaratra, que culmina a 2642 metros sobre Tsiafajavona que significa “siempre brumoso”.

“Ny mitevy ala dia maha kizo fara – La tala de bosques compromete el futuro de nuestros descendientes”.

Un(a) Tangalamena de Tsiafajavona, 2020
Foto: JRR

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16 000 hectáreas

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Guardianes: Fokonolona de Tsiafajavona, 31 000 miembros

Una relación profundamente ligada a una historia única

La Fokonolona de Tsiafajavona existe desde la época real.[1] El territorio de vida está delimitado por los cinco tsatobato o piedras, que simbolizan los cinco hijos del rey Andriampenitra. Su delimitación se conoce como Dimy lahy manodidina ny kianja o “los cinco hombres alrededor del ruedo”. Manjakatompo era un reino soberano perteneciente al pueblo merino, que sigue siendo la población mayoritaria en la actualidad (seguida del pueblo betsileo). La historia del rey relata dos hechos significativos: la cultura de Tsy azo tantaraina (‘guardar un secreto’) y la petición del rey a los pretendientes de su hija.

Hoy, la cultura de “guardar un secreto” sigue existiendo. Inicialmente destinada a mantener en secreto las estrategias de defensa del reino frente a otros durante las guerras de conquista del periodo de reunificación, actualmente se utiliza para preservar los conocimientos endógenos y la genealogía de las sucesivas generaciones del rey.

Aunque los bosques naturales ya existían, el rey prometió casar a su hija con el pretendiente que le trajera el mayor número de especies forestales de la montaña. Esta es la historia del origen de la rica biodiversidad actual, que proviene de diferentes partes de la isla.

Esta historia es la base de una identidad fuerte y arraigada de la comunidad fokonolona como descendiente del rey Andriampenitra. La historia guía los esfuerzos de la comunidad para legar estos preciosos recursos y conocimientos endógenos a las generaciones sucesivas.

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“Manjakatompo sady tsy tompoina no tsy manompo – Manjakatompo es un reino soberano y autosuficiente, que no sirve ni es servido por otros”.

Proverbio tradicional

Una Fokonolona: territorio de vida rico en biodiversidad, una cultura única y medios de subsistencia

Más de 5000 hogares que comprenden 31 000 miembros de la comunidad fokonolona dependen del territorio de vida y sus recursos. La montaña de Ankaratra y su hábitat forestal asociado mantienen las fuentes de agua que alimentan las tierras bajas para el cultivo del arroz y proporcionan agua potable. Así, los ecosistemas montañosos y forestales brumosos de Tsiafajavona regulan el microclima del territorio de vida debido a la retención de agua del suelo y su evaporación que da lugar a la formación de nubes, nieblas y lluvias. El Lago Frío, por su parte, suministra agua potable a la ciudad de Ambatolampy, situada a unos diecisiete kilómetros de distancia.

La comunidad fokonolona vive enteramente de la agricultura tradicional. El arroz, la yuca, el maíz y las patatas son los principales cultivos, y el ganado vacuno, porcino y avícola son los más comunes. Los cultivos y el ganado se destinan completamente al consumo familiar, aunque en caso de necesidad urgente de dinero en efectivo, algunos de ellos se venden dentro del pueblo. El bosque también proporciona leña de las plantaciones forestales de pinos y eucaliptos, con previa autorización de las autoridades forestales.

El orgullo de Fokonolona está ligado a la presencia de especies emblemáticas que son endémicas de su territorio de vida. La existencia de los anfibios Boophis williamsi y Mantidactylus pauliani ha otorgado a la zona el estatus de sitio de la Alianza para la Extinción Cero (AZE en inglés). También habita una especie de geco en peligro de extinción, Lygodactylus mirabilis, y, además, parte del territorio de vida se considera una zona importante para la conservación de las aves, especialmente para la especie Tachybaptus pelzelnii. También está presente en el área protegida el Aloe macrolada, una planta medicinal muy utilizada que figura en la lista de la CITES (Apéndice II). El área protegida cuenta con 11 especies en grave peligro de extinción, 32 en peligro de extinción y 25 en situación vulnerable (CEPF profile 2014). Esta rica biodiversidad promueve el ecoturismo, otra fuente de ingresos para algunos miembros de la comunidad unidos mediante la asociación de guías locales.

El apego de la comunidad fokonolona a su territorio de vida radica en los servicios ecosistémicos que les ofrece. Son intransigentes en cuanto a la conservación de su bosque porque representa el dote de su princesa y un legado para las generaciones posteriores. El territorio cuenta con siete Doany, o lugares sagrados únicos, en su mayoría tumbas de reyes sucesivos a las que acuden miles de personas de todo el país para practicar rituales y cultos cada año. Las cascadas y las fuentes de agua son algunos de los lugares donde la gente pide recuperarse de enfermedades incurables o liberarse de “hechizos” o “brujerías”.

Los métodos de pronóstico del tiempo se basan en los pájaros llamados Kankafotra, (Cuculus rochii o cuco malgache) que predicen un periodo de lluvia, sequía o granizo. Los Tangalamena indican rituales de ofrenda en determinados lugares sagrados para agradecer o pedir bendiciones a los antepasados y a la naturaleza. Los presagios astrológicos se utilizan para determinar días específicos, entre ellos los más famosos Alahamady, Alakaosy y Alahasaty. El Alahamady es un día de regocijo que se celebra cada tres años para dar las gracias a la Madre Tierra, también conocido como el Día del Año Nuevo Malagasy, mientras que el Alakaosy se dedica a los rituales para honrar a los padres. Durante estos rituales se prohíbe tocar música, tomar bebidas alcohólicas y comer cerdo y ajo en los lugares sagrados de Ankaratra.

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“Tsy ny fahamaroan’ny vorona fa ny kankafotra no famantaran-taona – No es la multitud de aves, sino el kankafotra que marca la temporada”.

Proverbio tradicional

Varios intereses en pugna y un complejo juego de actores

Existen intereses divergentes entre conservación y uso, bienes comunes e intereses privados, lo que ha llevado a múltiples designaciones en partes del territorio a lo largo del tiempo:

  • Desde 1923, como estación forestal destinada a proteger el bosque natural y las prácticas de silvicultura con especies exóticas como pinos y eucaliptos durante la colonización;
  • en 1960, se deja bajo gestión estatal tras la independencia;
  • desde 1998, es sede para la ejecución del proyecto de Desarrollo Forestal Integrado de Vakinankaratra mediante el Ministerio Estatal de Aguas y Bosques y la cooperación alemana Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit;
  • a partir de 2001, se deja bajo la gestión contratada del bosque por la Union Forestière d’Ambatolampy, de acuerdo con la Ley 96-025 llamada GELOSE[2];
  • a partir de 2008, retorna a la gestión estatal;
  • se propone dos veces como área de alta prioridad de conservación;
  • en 2013 se designa como nueva área protegida (Manjakatompo-Ankaratra) con fines de protección temporal, y
  • desde 2015 se designa como área protegida definitiva (Manjakatompo-Ankaratra).

El territorio de vida autodeterminado fokonolona no tiene ningún reconocimiento legal.  A pesar de eso, la gobernanza sigue siendo consuetudinaria y se respeta los consejos de los Tangalamena, o sabios, agrupados en la asociación Ankaratra Tsy Rava Fenitra. Los Tangalamena actúan como guardianes de los valores ancestrales y como guías culturales, y además poseen atributos, conocimientos y saberes específicos en función de los linajes genealógicos de los cinco hijos del rey Andriampenitra a los que pertenecen. Son responsables de, primero, interpretar la meteorología; segundo, ser guardianes del Hazomanga o palo ritual; tercero, ser los guardianes del fady o prohibido; cuarto, practicar la medicina tradicional, y quinto, predecir días concretos según la astrología y los rituales adecuados de ofrendas a los lugares sagrados llamados Doany. La toma de decisiones por parte del pueblo fokonolona está relacionada con el uso de los recursos naturales, la fauna, la flora, el agua y la tierra, en función de las directrices establecidas por los Tangalamena.

Los derechos legales de gestión de la zona protegida de Manjakatompo-Ankaratra, que no abarca todo el territorio de vida, están asignados a dos tipos diferentes de instituciones con responsabilidades superpuestas. Por un lado, hay ocho organizaciones comunitarias denominadas Vondron’Olona Ifotony (VOI), que representan legítimamente a los descendientes del rey. Desde 2014, gestionan legalmente ocho sectores del Área Protegida de Manjakatompo-Ankaratra mediante contratos de transferencia de gestión (inicialmente por tres años y luego renovados por 10 años).[3] Las VOI se crearon más o menos al mismo tiempo que la propuesta de la nueva Área Protegida en 2011. Por otro lado, está la ONG Vondrona Ivon’ny Fampandrosoana (VIF), con sede en la capital, Antananarivo, que había promovido la creación del Área Protegida Manjakatompo-Ankaratra con el apoyo financiero de Global Wildlife Conservation (GWC) y Conservation International (CI). A raíz de ello, la ONG recibió el mandato del Ministerio de Medio Ambiente de ser el gestor delegado del área protegida.

Manjakatompo-Ankaratra es una Reserva de Recursos Naturales y está clasificada en la categoría de gestión VI de la UICN.[4] El estado decidió establecer un área protegida mediante la Comisión del Sistema de Áreas Protegidas de Madagascar, tras una consulta que muchos residentes consideraron defectuosa, pues como señalan, el proceso de consulta no cumplió con las mejores normas para buscar el consentimiento libre, previo e informado. Por el contrario, las reuniones de consulta estuvieron marcadas por una cultura del miedo que provocó que la mayoría  permaneciera en silencio, mientras quienes expresaron sus aprensiones y desacuerdos tuvieron dificultades para encontrar los argumentos adecuados y finalmente no fueron escuchados.

Un Tangalamena, un representante del Departamento Forestal y un miembro de la comunidad indicando los límites del territorio de vida en un bosquejo de mapa. Foto: JRR

Según las leyes y normas vigentes,[5] la modalidad de gobernanza que debe aplicarse en esta área protegida es la cogestión con las comunidades locales. Además, la creación del área protegida se formalizó mediante una Dina (una convención social típica Malagasy) y un Tangalamena (persona sabia) se encarga de su aplicación. La Dina es un conjunto de normas definidas colectivamente mediante consultas dentro del comité de gestión, presidido por los alcaldes de las comunas administrativas de Tsiafajavona y Sabotsy Namatoana e integrado por representantes de las ocho organizaciones comunitarias del VOI y el Tangalamena. Los guardabosques denominados KASTI realizan tres patrullas de vigilancia semanales junto con miembros del Fokonolona, para prevenir y detectar cualquier explotación ilegal e incumplimiento de la Dina.

Sin embargo, ha habido problemas. Desde junio de 2020, este acuerdo institucional se ha vuelto defectuoso porque la ONG VIF abandonó la zona tras finalizar la financiación de su proyecto y el mandato del alcalde concluyó, por lo tanto, el comité de gestión ya no funciona. Mientras tanto, el proceso de reconocimiento legal de la Dina sigue pendiente en el Tribunal de primera instancia.

El gobierno del estado, mediante varios ministerios y sus ramas, posee plenos poderes para decidir sobre el uso de las tierras nacionales y los recursos naturales, mientras que Fokonolona sigue siendo un órgano consultivo en la toma de decisiones relacionadas con el uso de sus territorios. Desgraciadamente, las autoridades suelen hacer caso omiso de este asesoramiento. Las siguientes decisiones se tomaron enteramente en el marco de esta prerrogativa: la utilización del Lago Frío (120 ha) por parte de Jirama, empresa estatal de suministro de electricidad y agua potable; el establecimiento de la piscifactoría de truchas harivola en 124 ha; la utilización de 60 ha de bosque que contienen fuentes de agua para la Nouvelle Brasserie de Madagascar[6] comprada por la cervecería Brasserie Star; la asignación de tierras de cultivo a Fifamanor, y la asignación de una concesión forestal a la empresa de muebles Hazovato.

Principales amenazas para el pueblo fokonolona, su territorio de vida y sus futuras generaciones

El riesgo de conflictos entre la conservación y la utilización de los recursos afecta el futuro del territorio de vida. El hecho de que el estado solo reconozca las áreas protegidas como medio privilegiado de conservación de la biodiversidad e imponga instituciones modernas de gobernanza amenaza el sentido de pertenencia de los fokonolona al territorio. La falta de reconocimiento de los fokonolona representa el riesgo de provocar el desempoderamiento y el desinterés de los miembros de la comunidad en su órgano de gobierno tradicional.

Ningún proceso participativo adecuado de planificación espacial tuvo en cuenta a los diferentes titulares de derechos y grupos de interés cuando se superpusieron los límites del Área Protegida de Manjakatompo-Ankaratra sobre parte del territorio de vida, lo cual va en detrimento de la buena gestión de los recursos naturales. El hecho de no tener en cuenta las decisiones del pueblo fokonolona relacionadas con sus bienes comunes va desgastando su voluntad de participar en la gestión del territorio. Más aún, los miembros de la comunidad señalan que perturba la transferencia de los conocimientos tradicionales a la siguiente generación. Muchos consideran que se ha roto el fady (secreto y prohibido).

Existen otras amenazas para la supervivencia de los fokonolona. Por ejemplo, las familias que cultivan las mismas parcelas desde hace generaciones no pueden ampliar sus tierras de cultivo porque el estado ha concedido grandes superficies a grupos privados. Otras fuentes de ingresos, como las actividades turísticas, son escasas debido al difícil acceso por el mal estado o la falta de carreteras.

Algunos miembros de la comunidad fokonolona se sienten desmotivados a la hora de participar en las actividades de conservación por el desequilibrio o la falta de reparto de beneficios por parte de las empresas privadas. También se ven excluidos del uso y el acceso a recursos vitales para su supervivencia. Por ejemplo, el Lago Frío abastece de agua potable a la ciudad de Ambatolampy, mientras que las comunidades que lo protegen no tienen acceso a ella. De la misma forma, las comunidades locales tienen que pagar una tarifa para recoger leña, mientras que cada organización comunitaria tiene la obligación de producir y plantar 12 500 plantas al año, según el contrato de cesión de gestión con el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

La inseguridad provocada por la inestabilidad política que reina en el país desde 2009, empuja a los fokonolona a dormir con su ganado para evitar que les roben. La ineficacia de las fuerzas del orden y de la justicia en caso de robo o explotación ilegal amenaza la paz social en el territorio de vida.

Los incendios forestales descontrolados asolaron parte del bosque entre 2009 y 2011. Esta amenaza de incendios forestales se produce siempre durante los periodos secos. Debido a esto, se han implementado acciones de reforestación para restaurar estas áreas, se han colocado cortafuegos y se ha incrementado la vigilancia durante los periodos de riesgo.

Los miembros de la comunidad fokonolona suelen ser víctimas de represalias cuando reclaman sus derechos y piden responsabilidades a las autoridades, incluidas las compensaciones por el uso de los recursos naturales en su territorio. Para restablecer el equilibrio en el reparto de beneficios por el uso de los recursos naturales, la comunidad fokonolona ha iniciado el proceso de asumir la gestión del área protegida, el cual pretende alcanzar el estatus de Área Protegida Comunitaria según el Código de Áreas Protegidas, que menciona la “gobernanza comunitaria” como un tipo de gobernanza reconocido y, además, considera las Áreas Protegidas Comunitarias y las Áreas Protegidas Marinas como un tipo específico de área protegida. En Madagascar ya existen varias Áreas Protegidas Comunitarias en las que se promueve la cogestión entre las principales organizaciones internacionales de conservación y las organizaciones comunitarias. Sin embargo, la aspiración para Manjakatompo-Ankaratra es convertirla en una iniciativa totalmente dirigida, gobernada y gestionada por la comunidad.

El reconocimiento adecuado de los derechos comunitarios es la pieza que falta para un auténtico desarrollo sostenible

Consciente de la importancia de su flora, fauna, tierra y agua para su supervivencia, la comunidad fokonolona de Tsiafajavona aspira a restaurar los bosques autóctonos y revivir las culturas locales para las generaciones futuras. Este impulso de restauración de los bosques va acompañado de su iniciativa de utilizar alternativas sin plástico dentro del vivero mediante el uso de macetas de tierra. Asimismo, solicitan el acceso a tecnologías como el uso de drones para realizar seguimiento de los bosques, con el fin de reducir su carga de trabajo y redirigirla a sectores productivos.

La comunidad fokonolona pide que se renegocie con todas las partes interesadas el reparto de los beneficios derivados de la explotación de los recursos del territorio de vida. El objetivo es establecer colaboraciones beneficiosas para todos entre el estado, el sector privado y los fokonolona.

Reforzar los derechos del pueblo fokonolona a una tenencia de la tierra adecuada y asequible sigue siendo una prioridad para mejorar sus medios de vida. Los miembros de la comunidad esperan que la mejora del acceso a la tierra, combinada con los insumos agrícolas y el desarrollo de capacidades en materia de agricultura ecológica, impulse la producción. En particular, tienen en mente una variedad local de patata llamada Ovin’Ankaratra, por la que la región fue famosa en un momento.

Para hacer realidad su visión, es fundamental conseguir el reconocimiento adecuado del sistema de gobierno consuetudinario y la legalidad de la comunidad fokonolona, la cual quieren que su territorio de vida sea reconocido como un Área Comunitaria Protegida en la que la toma de decisiones sobre los recursos y la ordenación del territorio sean participativas y se adapten a la cultura local.


[1] La época real duró entre 1500 y 1896. El autor desconoce la duración exacta del reino de Andriampenitra.

[2] La Ley 96-025 se refiere a la gestión local de los recursos naturales renovables.

[3] Según la ley 96-025 (llamada GELOSE) sobre la gestión local de los recursos naturales renovables.

[4] Artículo 1 del Decreto n.° 2015-711 de Establecimiento del Área Protegida denominada “Manjakatompo-Ankaratra”.

[5] Artículo 5 del Decreto n.° 2015-711 de Establecimiento del Área Protegida denominada “Manjakatompo-Ankaratra”.

[6] Artículo 6 del Decreto n.° 2015-711 por el que se establece el Área Protegida denominada “Manjakatompo Ankaratra”.

Sobre los autores

Mihanta T. Bakoliarimisa es voluntaria de la red nacional de comunidades locales que gestionan recursos naturales, TAFO MIHAAVO, Miembro del Consorcio TICCA. Mihanta se ha comprometido a amplificar las voces para el reconocimiento de los derechos y responsabilidades de las comunidades locales. También es la presidenta del Comité de Programa del Consorcio TICCA.

Traducción de Mihanta T. Bakoliarimisa and Jina R. Ratsimba

Traducción al español de Manuel May Castillo

Revisión de Pablo Maturana Fuentes