Tana’ ulen

Una tradición de conservación vital para el reconocimiento de los territorios de vida en Kalimantán del Norte, Indonesia

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Foto: Andris Salo
Autor(es): Cristina Eghenter, con contribuciones de Kasmita Widodo, Yutang Bawan, Saul Jalung y Andris Salo.

Cuando el último jefe consuetudinario de Bahau Hulu, Anye Apuy,[1] visitó la pequeña aldea de Batu Puteh en Kinabatangan, Sabah (Malasia Oriental), los líderes locales le advirtieron: “Nos quitaron el bosque. No dejen que les hagan eso si todavía tienen bosque en su aldea. El bosque es vida”. Esa no fue la primera vez que Anye Apuy fue testigo de los costos económicos, sociales y ambientales de la tala y las plantaciones industriales de palma aceitera, que dejan tras de sí solo grupos de bosques fragmentados y recuerdos de lo que fueron zonas prósperas para la caza, sin ganancias económicas significativas para los Pueblos Indígenas. Había visto un período de tala desenfrenada a lo largo de los principales ríos del interior cerca de su aldea en la década de 1970, y había visitado comunidades en Sarawak donde las concesiones madereras habían invadido los territorios Indígenas. Se había dado cuenta hace tiempo de que la madera es oro, pero, en sus propias palabras: “Este no es el tipo de oro que es bueno para nosotros, quiero proteger el bosque en mi área, ya que el bosque es vida para el pueblo dayak” (citado en WWF 2012: 71).

“Nos quitaron el bosque. No dejen que les hagan eso si todavía tienen bosque en su aldea. El bosque es vida”.

Líderes locales de Batu Puteh, citados en WWF 2012
Foto: Andris Salo

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93 296 ha en Bahau Hulu; 174 291 ha en Pujungan

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Guardianes: Pueblos Indígenas dayak kenyah de Bahau Hulu y Pujungan

Millones de hectáreas de bosques, humedales, lagos y zonas costeras de Indonesia son gobernadas por Pueblos Indígenas y comunidades locales con el objetivo de proteger y conservar los recursos naturales y las funciones del ecosistema, mantener la base de sus medios de sustento y la seguridad alimentaria, así como sus valores espirituales y convicciones religiosas, para las generaciones presentes y futuras. En 2020, los guardianes documentaron y registraron más de diez millones de hectáreas en Indonesia, según el Organismo de Registro de Territorios Indígenas (BRWA en Indonesia).[2]

La tana’ ulen es una práctica de conservación que realizan los Pueblos Indígenas dayak kenyah que viven en las partes altas de algunos de los principales ríos del interior de Borneo, a lo largo de la frontera entre Sarawak (Malasia) y Kalimantán (Indonesia). Es también un modelo de conservación eficaz y arraigada localmente, ya que para el pueblo kenyah, conservar significa cuidar el bosque como una fuente de sustento e identidad cultural, con la convicción de que el bosque a cambio seguirá sosteniendo a la comunidad. Esto es lo que guía el enfoque de ordenación local en los territorios Indígenas tradicionales del pueblo kenyah en las provincias actuales de Kalimantán Este y del Norte (Eghenter et al 2003; 2018). Esta convicción también es más evidente en la tradición de tana’ ulen en los territorios de Bahau Hulu y Pujungan, dos comunidades del distrito de Malinau en Kalimatán del Norte, donde centramos nuestra historia.

Sepultura de piedra en el tana’ ulen de Long Kemuat, Bahau Hulu. Foto: Andris Salo

Tana’ ulen: conservación forestal a la manera dayak kenyah

Tana’ ulen, es un tana, o territorio, que está m/ulen, restringido o prohibido. El bosque de tana’ ulen es un bosque antiguo o primario, rico en biodiversidad y con un alto nivel de endemismo. Las especies de árboles dipterocarpos (Shorea) tienden a dominar. Muchas especies de ratán y otras palmeras pueden encontrarse en los pisos inferiores y el suelo está cubierto por plantas de jengibre, aráceas, helechos y begonias. Se pueden encontrar especies animales poco comunes y emblemáticas como los bucerótidos, las panteras nebulosas (Neofelis nebulosa), los gatos de bosque y las especies de civeta. Cientos de especies de aves, ciervos, jabalíes y bovinos silvestres[3] también habitan este bosque. Partes de animales (por ejemplo, plumas de bucerótidos y dientes y uñas de osos) se utilizan como elementos culturales en costumbres y bailes tradicionales, lo que indica una fuerte interconexión entre la biodiversidad, el bosque y la cultura en la identidad del pueblo dayak kenyah (Eghenter 2018). Las tana’ ulen también contienen plantas, árboles, peces y animales de caza de gran valor en términos de medios de sustento para la población local. Las zonas tana’ ulen suelen recibir el nombre de su río (por ejemplo, tana’ ulen sungai Lutung[4]). La tradición de designar al menos una zona tana’ ulen dentro de un territorio consuetudinario más amplio ha sido practicada durante mucho tiempo por el pueblo dayak kenyah[5] y aún se observa hoy en día en todas las comunidades dayak kenyah del distrito de Malinau, Kalimantán del Norte, Indonesia.

En general, las zonas tana’ ulen están situadas estratégicamente cerca de la aldea para que la gestión y el control de estas sean más fáciles para los lugareños. El tamaño de una sola zona tana’ ulen varía desde las 3000 hectáreas a más de 80 000 hectáreas. El acceso y el uso están limitados con el fin de proteger los recursos para utilizarlos a largo plazo. En general, también quedan fuera del alcance de los forasteros, incluso a veces también para los habitantes de aldeas cercanas.

Las tana’ ulen son una parte vital de la gobernanza de los territorios Indígenas más amplios, conocidos como wilayah adat. En cierto modo, las tana’ ulen representan las “áreas protegidas” de los territorios Indígenas. La wilayah adat de Bahau Hulu tiene una extensión de 321 607 ha y 93 296 ha (29 %) dentro de este territorio son tana’ ulen, repartidas entre las seis aldeas lo largo del río Bahau, y su población total es de 1610 habitantes. Por su parte, la wilayah adat de Pujungan tiene 584 866 ha, con 174 291 ha (29,8 % del total) de tana’ ulen en 9 aldeas a lo largo de los ríos Bahau, Pujungan y Lurah, y una población total de 2155 habitantes.

Históricamente, las tana’ ulen también están integradas en un sistema de gobernanza territorial más amplio, lo que es clave para el futuro de las tana’ ulen. Los valores culturales y naturales están unidos inextricablemente, y las comunidades Indígenas son fundamentales para mantener este sistema.

Mapa de las zonas tana’ ulen en los territorios Indígenas de Bahau Hulu y Pujungan. Mapa: Andris Salo (FoMMA Bahau Hulu)
Mapa de la zonificación territorial en Pujungan con las zonas tana’ ulen en rojo. Mapa: Andris Salo (FoMMA Bahau Hulu)

El cambio de gobernanza y la vitalidad de las tradiciones

En el pasado, las tana’ ulen funcionaban principalmente como reservas forestales gestionadas por los paren, es decir, las familias de la clase aristocrática, en nombre de toda la comunidad. A pesar de que gobernaba la clase aristocrática, el bosque se consideraba un bien público a cargo de los líderes aristocráticos, quienes fungían como gestores y guardianes. Recientemente, el modelo de gobernanza ha evolucionado de manera significativa como consecuencia de la democratización del liderazgo local y la extensión de la educación y la escolarización. Aunque las normas básicas para el uso de los recursos y la protección de las tana’ ulen no han cambiado, la toma de decisiones y la responsabilidad y rendición de cuentas hoy en día le corresponden al consejo consuetudinario. En Bahau Hulu y en Pujungan, las zonas tana’ ulen ahora están bajo la responsabilidad de los consejos consuetudinarios. La autoridad suele recaer conjuntamente en el jefe consuetudinario y el líder de la aldea. En la aldea Long Alango las autoridades consuetudinarias decidieron crear un comité de gestión adicional (Badan Pengurus Tana’ Ulen o BPTU) para compartir responsabilidades y reforzar la protección de las tana’ ulen. El cambio no es una señal del debilitamiento de la gobernanza; por el contrario, es un indicio de la resiliencia y la fuerza del sistema de las tana’ ulen que puede adaptarse a las circunstancias cambiantes.

Los principios de la conservación y el uso sostenible se aplican en todo el territorio, pero en las tana ulen se aplican normas más estrictas. Por ejemplo, el bosque de las tana’ ulen no se puede talar para abrir campos de arroz. La recolección de productos forestales no madereros de importancia económica está restringida de varias maneras, como las siguientes:

  • La época y la duración de la cosecha;
  • Las herramientas y los métodos que se emplean (por ejemplo, el gaharu[6] debe recolectarse a la manera tradicional, seleccionando y talando sólo aquellos que están infectados);
  • Según la cantidad y el tipo de animales cazados;
  • La cosecha de recursos de forma colectiva.

A quienes cometen infracciones se les sanciona y se les multa según las formas de pago acordadas por el consejo consuetudinario, ya sea en dinero o en reliquias como machetes (parang) o gongs. Las multas son específicas según el tipo de producto y la gravedad de las infracciones. Los reglamentos no son fijos, sino que se discuten en asambleas especiales y se adaptan a la evolución de las condiciones. Hay nuevos reglamentos que exigen a los forasteros el pago de una tarifa elevada a la tesorería de la aldea para acceder al territorio. Además, ahora las comunidades están redactando reglamentos consuetudinarios para reforzar el ejercicio de sus derechos y aumentar la aplicación y el cumplimiento por parte de los invasores forasteros.

A día de hoy, las zonas tana’ ulen exhiben altos niveles de biodiversidad. Aunque no existe un sistema formal de seguimiento para medir la eficacia, la población local cumple con las normas e informa al consejo consuetudinario o a los dirigentes de la aldea sobre los cambios en la disponibilidad de las especies clave y sobre la presencia de forasteros que encuentran cuando van al bosque. Dependiendo de las circunstancias, proceden a confiscar el gaharu y las provisiones de alimentos que los invasores habían recolectado y les piden que abandonen la zona inmediatamente.

Representación de la tradición muy antigua y acción colectiva nuba ikan: pescar en un arroyo con veneno natural que proviene de una corteza. Foto: Gamel Yutang

¿Por qué son importantes las tana’ ulen?

En el pasado, las creencias religiosas del pueblo dayak kenyah exigían organizar celebraciones a lo largo del año para marcar el ciclo agrícola y otras ocasiones sociales como el regreso a salvo de los comerciantes y de las partidas de guerra. El jefe de la aldea, miembro de la familia aristocrática, actuaba como principal anfitrión. Ofrecía hospitalidad a los viajeros y a las delegaciones de otras comunidades y preparaba las comidas para las personas que trabajaban en sus campos. Para cumplir con sus responsabilidades, él y su familia debían asegurarse de que hubiera suficiente comida de calidad, especialmente pescado y animales de caza, para los invitados. Esto es relevante aún hoy en día. La caza y la pesca colectivas se coordinan en la tana’ ulen en momentos como las celebraciones de Año Nuevo, las fiestas de la cosecha y otras ceremonias colectivas para conseguir abundancia de alimentos de forma segura, rápida y a bajo costo.

La madera para construcción es otro recurso importante en la tana’ ulen (para las casas comunales colectivas en el pasado y actualmente para las viviendas individuales). También es importante señalar que el principio de equidad siempre se ha tenido en cuenta en el sistema de gobernanza de una tana’ ulen: el producto de la recolección de los recursos se reparte entre todos, con asignaciones especiales para los individuos más pobres y vulnerables de la comunidad, como las viudas y los huérfanos.

Garantizar el reconocimiento adecuado de las tana’ ulen vitales

Durante los últimos años, en Indonesia se han presentado nuevas oportunidades para el reconocimiento de los territorios conservados colectivamente y sus guardianes, aunque siguen existiendo limitaciones significativas. En 2013, una sentencia fundamental del Tribunal Constitucional (n° 35) declaró que los bosques conservados tradicionalmente por las comunidades locales e Indígenas tienen un estatus diferente y son distintos de los bosques estatales. En 2014, una ley (n° 32) sobre la gestión de pequeñas islas y zonas costeras reconoció los derechos y el rol de las comunidades Indígenas y locales en la gestión de estas zonas. De igual importancia es que muchos distritos están legislando cada vez más en materia del reconocimiento y la protección de los derechos de los Pueblos Indígenas. Sin embargo, la ley nacional sobre los Pueblos Indígenas y la ratificación de la Declaración de la ONU sobre los derechos de los Pueblos Indígenas siguen pendientes en el Parlamento a la fecha de publicación de este informe, a inicios de 2021.

El presunto dilema de la conservación versus el desarrollo económico afecta directamente a los territorios Indígenas y se manifiesta especialmente en la minería, la explotación de los recursos y la conversión del uso de la tierra. Las comunidades aspiran al empoderamiento económico y las inversiones como las plantaciones de palma aceitera pueden parecer alternativas tentadoras para la población local. En muchos casos, la revitalización de las tana’ ulen se ha utilizado como una forma de resistencia contra esas amenazas para hacer frente a las empresas madereras y a la explotación comercial de productos forestales por manos de forasteros. Otras amenazas pueden provenir con el desarrollo de infraestructuras de los gobiernos locales, cuando la planificación se realiza sin consultarle a las comunidades de forma significativa ni respetar sus bosques más preciados, incluidas las zonas tana’ ulen.

Tana’ ulen en Pujungan. Foto: Andris Salo

En las condiciones de competencia creciente por los recursos forestales, las tana’ ulen se convierten en un medio para buscar la afirmación de los derechos comunitarios sobre la tierra y proteger los recursos. En Pujungan, recientemente se revitalizó una antigua zona tana’ ulen bajo la responsabilidad colectiva de las nueve aldeas y se establecieron dos nuevas tana’ ulen para la gobernanza de los recursos hídricos en las aldeas de Long Pujungan y Ketaman. Cuando se defienden los valores sólidos de la conservación y las instituciones de gobernanza son eficaces, el resultado es el uso sostenible y equitativo de la biodiversidad (consulte Ostrom 1999, 2008).

En 2015, a raíz de la frustración en aumento de las comunidades por la lentitud en el reconocimiento de sus derechos ancestrales, los guardianes de las tana’ ulen se reunieron en el Congreso Tana’ Ulen celebrado en Tanjung Selor (Kalimantán del Norte) para compartir sus preocupaciones y expresar sus demandas. Los jefes consuetudinarios de varias comunidades dayak que se ubican a lo largo del río Kayan coincidieron en que las tana’ ulen siguen siendo ejemplos de conservación Indígena efectiva y de uso sostenible, y están comprometidos con una forma de “desarrollo que para ser sostenible necesita respetar y proteger nuestros valores y tradiciones como las tana’ ulen” (notas del autor).

Aunque las comunidades han empezado a redactar los reglamentos de la aldea para garantizar un estatus legal mínimo para las tana’ ulen, los esfuerzos a nivel de aldea no son suficientes para hacer valer los derechos exclusivos sobre sus tierras y recursos forestales. En el distrito de Malinau, las tana’ ulen y los territorios Indígenas (wilayah adat) pueden asegurarse ahora mediante la normativa del distrito (PERDA n° 10 de 2012) para reconocer y proteger los derechos de los Pueblos Indígenas. Los líderes de las comunidades han pedido apoyo al Organismo de Registro de Territorios Indígenas (BRWA) y al Grupo de trabajo sobre los TICCA en Indonesia (WGII, por su sigla en inglés)[7] para documentar, registrar y verificar sus territorios y prácticas tradicionales necesarios para obtener dicho reconocimiento. El BRWA y el WGII también están colaborando con el gobierno local para el desarrollo de capacidades en la elaboración de procedimientos y directrices estándar y para establecer mecanismos adecuados de verificación, incluida una agencia (llamada BPUMA), tal y como establece la normativa del distrito. La alianza de las ONG con las comunidades de Bahau Hulu y Pujungan, y la colaboración abierta con el gobierno local, contribuyeron de manera significativa a acelerar la implementación de la ley local y al primer reconocimiento formal del territorio Indígena de Bahau Hulu por parte del gobierno del distrito de Malinau en septiembre de 2019.

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“No hay comunidad dayak sin bosque”.

Dicho del pueblo dayak kenyah

Las tana’ ulen representan la consagración de los derechos económicos, ambientales, sociales y culturales de las comunidades Indígenas kenyah. No solo conservan una amplia gama de hábitats, biodiversidad y funciones del ecosistema, sino que también son la base de los medios de sustento para sus guardianes. Como tal, las tana’ ulen conservan un lugar central en la gobernanza forestal entre las comunidades dayak kenyah (Eghenter 2018). El modelo de conservación de las tana’ ulen no desaparecerá fácilmente, pero necesita el apoyo correcto y el reconocimiento adecuado para mantenerse.

La fuerza de las iniciativas Indígenas de conservación depende tanto de la existencia de instrumentos legales internacionales y nacionales como de la vitalidad de las instituciones y los mecanismos de gobernanza Indígena, del vigor de las normativas y de los valores de las propias comunidades, incluido el vínculo cultural entre las comunidades y sus tana’ ulen, y la fuerza de las redes sociales y de promoción de las que forman parte dichas comunidades. En palabras de los propios miembros de la comunidad, mucho depende de “lo fuertes y comprometidos que seamos“. Es necesario fortalecer las instituciones locales mediante la información, la innovación y el intercambio de habilidades para garantizar que surjan nuevos defensores de la conservación y que las prácticas de conservación se mantengan. Como dicen los dayak kenyah, el respeto a sus valores forestales es primordial para la seguridad y la resiliencia de la comunidad en beneficio de las generaciones presentes y futuras: “No hay comunidad dayak sin bosque“.

Pesca tradicional con redes. Foto: Andris Salo

Referencias

Eghenter, C. (with B. Sellato and Simon Devung). 2003. Social Science Research and Conservation Management in the Interior of Borneo: Unraveling past and present interactions of people and forests (English edition). Bogor (Indonesia): Center for International Forestry Research (CIFOR), Ford Foundation, UNESCO, and WWF Indonesia.

Eghenter, C. 2005. “Histories of Conservation or Exploitation? Case Studies from the Interior of Indonesian Borneo.” In Histories of the Borneo Environment. Wadley, R.L., (ed.). Leiden: KITLV Press, pp. 87-108.

Eghenter, C. 2018. Indigenous Effective Area-based Conservation Measures: Conservation Practices among the Dayak Kenyah of North Kalimantan. PARKS (June).

Farvar, M. T., G. Borrini-Feyerabend, J. Campese, T. Jaeger, H. Jonas and S. Stevens. 2018. Whose ‘Inclusive Conservation’? Policy Brief of the ICCA Consortium No. 5. Tehran: ICCA Consortium and Cenesta.

Ostrom, E. 1999. Self-Governance and Forest Resources. Occasional paper No. 20. Bogor, Indonesia: CIFOR.

Ostrom, E. 2008. Design Principles of Robust Property-Rights Institutions: What Have We Learned. Workshop in Political Theory and Policy Analysis, Indiana University, and Center for the Study of Institutional Diversity, Arizona State University.

WWF. 2012. The Human Heart of Borneo. WWF Indonesia and Heart of Borneo Initiative.


[1] Este texto está dedicado a la memoria de Anye Apuy. Fue su liderazgo y visión los que ayudaron a mantener viva la conservación tradicional de las tana’ ulen entre su pueblo y también los que consiguieron con éxito el reconocimiento del territorio consuetudinario por parte del gobierno local en 2019.

[2] El Organismo de Registro de Territorios Indígenas (BRWA) fue creado por la Alianza de los Pueblos Indígenas del Archipiélago (AMAN, por su sigla en inglés); a comienzos de 2021, su base de datos tanahkita.id cincluía mapas de 866 territorios Indígenas que abarcaban un total de 11,1 millones de hectáreas. Para más detalles, consulte el capítulo “Análisis nacional sobre Indonesia” en este informe.

[3] El Banteng (Bos javanicus) es un bovino silvestre que antiguamente se encontraba en casi todo el Sudeste Asiático, pero que hoy se limita a pequeñas poblaciones. Estos animales son herbívoros y ramoneadores que pueden vivir en el bosque, pero prefieren los pastizales abiertos que tradicionalmente son semigestionados por la población local.

[4] Originalmente, la tana’ ulen podría haberse llamado más apropiadamente “sungai ulen“, es decir, “río restringido”, lo que incluía el bosque y la zona de la cuenca de dicho río, siempre como afluente del río principal.

[5] Las tradiciones de conservación como la tana ulen también han sido comunes entre otros pueblos dayak del interior de Borneo, aunque con otros nombres como tana jaka, tana ang, tana para, etc.

[6] La madera de agar o gaharu es el nombre comercial de la madera resinosa y perfumada de los árboles del género Aquilaria que han sido infectados por un hongo. El gaharu se utiliza como madera de incienso en la industria de la perfumería y también con fines medicinales. La fiebre del gaharu en Borneo comenzó en la década de 1990 y dio lugar a la llegada de mucha gente de otros lugares y otras provincias de Indonesia. Las instituciones consuetudinarias locales a menudo fracasaban en imponer un control exclusivo sobre sus recursos. La nueva economía basada en el gaharu benefició a algunas personas, pero también afectó negativamente a los medios de sustento en el largo plazo (Eghenter 2005).

[7] Diez organizaciones miembro Grupo de trabajo sobre los TICCA en Indonesia: AMAN, BRWA, WALHI, NTFP-EP, SAWIT WATCH, WWF Indonesia, HUMA, JKPP, Pusaka. El Grupo de trabajo sobre los TICCA en Indonesia es Miembro del Consorcio TICCA desde 2015.

Sobre los autores

Cristina Eghenter trabaja con el WWF Indonesia y el Grupo de trabajo sobre los TICCA en Indonesia (WGII, por su sigla en inglés), este último es Miembro del Consorcio TICCA. Ella también es Miembro Honorario del Consorcio TICCA.

Colaboradores: Kasmita Widodo (BRWA y WGII), Yutang Bawan (FoMMA Pujungan), Saul Jalung (Jefe Consuetunario Pujungan) y Andris Salo (FoMMA Bahau Hulu; mapa y fotos).

Traducción al español de Manuel May Castillo

Revisión de Daniela Campos Rubio