Kisimbosa

Los bambuti-babuluko, guardianes Indígenas de los "bosques fértiles" en la República Democrática del Congo

Leer en idioma original
Foto: Joseph Itongwa
Autor(es): Joseph Itongwa Mukumo y Christian Chatelain

Kisimbosa, la «tierra ancestral fértil», es el territorio de vida de los Pueblos Indígenas bambuti-babuluko de Walikale, uno de los territorios administrativos de la provincia de Kivu Norte en el este de la República Democrática del Congo.

Esta “tierra ancestral fértil” tiene una extensión de 5572 hectáreas en un ecosistema de bosque tropical montañoso por el que se entrecruzan ríos de agua dulce. El aislamiento del área de Kisimbosa los obliga a vivir de los recursos locales; sus alimentos, sus medicinas y sus materiales de construcción provienen mayoritariamente del bosque. Este bosque contiene una de las últimas áreas de cubierta forestal tropical primaria en una región que, además, ha estado plagada de numerosos conflictos, incluidos conflictos armados, desde hace más de veinte años. Kisimbosa es parte de los bosques de Walikale que aún están libres de la intensificación en las actividades agropastorales y de la degradación y deforestación significativas que está experimentando el resto de la provincia de Kivu Norte.

«Los Indígenas pigmeos bambuti-babuluko consideran a los bosques no como un simple espacio geográfico cubierto de árboles, sino que como un ser vivo con sus propios derechos que interactúa con la comunidad».

Joseph Itongwa Mukumo
Foto: Christian Chatelain

El conflicto armado ha empujado a los refugiados (especialmente de las poblaciones Hutu de Ruanda) a los bosques de Walikale, creando así una nueva y creciente presión sobre los recursos naturales. Para contrarrestar esto, los Pueblos Indígenas de Kisimbosa han utilizado su sistema de gestión tradicional para fortalecer la recuperación de especies extintas, en particular de los grandes simios. Se han recuperado varios grupos de chimpancés en el bosque de Kisimbosa, que es hábitat de otras especies de plantas y animales (incluidas especies endémicas) como pavos reales congoleños, leopardos, monos y vinagos.

La comunidad bambuti-babuluko de Kisimbosa (formada por cuatro subcomunidades o «familias») es generalmente reconocida como Indígena y, por tanto, la comunidad más antigua de la zona. Su dialecto propio se ha ido diluyendo lentamente, por lo que ahora hablan kirega y swahili, los idiomas de los grupos locales no indígenas. Los Pueblos Bambuti-Babuluko son sedentarios en su territorio ancestral, un estilo de vida que les proporciona sustento gracias a su buen estado de conservación.

image

5572 hectáreas de
bosque tropical

image

Guardianes: Pueblos Indígenas bambuti-babuluko de la comunidad de Kisimbosa, 6100 personas

image

Especies emblemáticas: chimpancés

Los cuatro bosques de Kisimbosa TICCA representan más de 5500 ha que han sido mapeadas y gestionadas individualmente por sus comunidades ribereñas (Mapa: ANAPAC)

Las actividades tradicionales de la comunidad bambuti-babuluko incluyen la recolección de alimentos y medicinas, la caza, la pesca y la recolección de materiales necesarios para la vivienda. Sus actividades culturales y espirituales tienen lugar en áreas geográficas específicas como sitios sagrados dedicados a la memoria de sus antepasados, cuevas de leopardos, puntos de agua para vinagos, lugares reservados para ceremonias de iniciación de los primogénitos de la familia, prácticas tradicionales de circuncisión y aprendizaje de la vida en el bosque.

Órganos de gestión y una institución de gobierno derivada de las familias pigmeas originales

Cuatro familias (los Mwarambu Mbula, los Bamwisho Shemitamba, los Bamwisho Mutima y los Ekamenga Mbula) descienden de los primeros antepasados que llegaron al lugar: Malonga, Mukumo y Mabaka. Muy orgullosas de su territorio de vida, estas cuatro familias lo han dividido históricamente en subsecciones según los vínculos que cada familia mantiene con una parte concreta del territorio. Sin embargo, es la unidad y el mapeo formal de todas estas tierras lo que permite una gestión y gobernanza eficaces. Una asamblea comunitaria se lleva a cabo anualmente y revisa el estado del bosque, identifica las amenazas al territorio de vida, las posibles causas de la degradación y las acciones a tomar.

Las cuevas ocupan un lugar privilegiado entre los sitios sagrados de los Pueblos Indígenas pigmeos bambuti-babuluko para honrar a sus antepasados. Foto: Christian Chatelain

Kisimbosa siempre ha tenido sus propios custodios o guardianes de la tradición. Son líderes tradicionales que, como el Sr. Paul Aluta y Sr. Mukumbwa Nkango, mantienen las costumbres y reglas tradicionales involucradas en el gobierno y en el manejo de su entorno. Son los portadores de la historia de su tierra, tienen un conocimiento profundo de ella y pueden comunicar sus valores y su conocimiento acerca de la mejor manera de prevenir su degradación. Para ello, lideran ceremonias tradicionales y culturales relacionadas con los sitios sagrados, lideran iniciaciones para los jóvenes y dirigen expediciones en el bosque. Esta autoridad ancestral tradicional, actualmente, está estructurada en torno a dos organismos principales restablecidos de manera oficial en Kisimbosa: un Consejo de sabios, compuesto por ancianos de cada una de las cuatro familias originales, y un Comité Consuetudinario de Líderes, integrado por los primogénitos de cada linaje familiar (familia Malonga, familia Mukumo, familia Mabaka).

El Consejo de sabios es el órgano de toma de decisiones de Kisimbosa y el guardián de la tradición, cuya función es revitalizar las prácticas culturales y las reglas tradicionales necesarias para el uso sostenible y el mantenimiento de los ecosistemas de Kisimbosa. También se ocupa diariamente de la resolución de conflictos y, en las asambleas comunitarias anuales, analizan los diversos problemas del territorio de vida y su futuro.

Jefe Aluta, líder indígena tradicional. Foto: Christian Chatelain

Un sistema de zonificación y monitoreo comunitario

El comité de líderes consuetudinarios es el órgano de gestión de Kisimbosa que supervisa la administración diaria del bosque comunitario, incluidos la aplicación de reglas de conservación, el uso sustentable de sus recursos y su vigilancia. Estas actividades están basadas en la división del territorio de vida en tres tipos de zonas:

  1. Zonas de protección estricta en las que se vuelven sagrados los fuertes valores de la comunidad, como las cimas de las montañas Mashugho y Chankuba, donde se organizan regularmente ceremonias tradicionales. En estas áreas está prohibida cualquier actividad agrícola.
  2. Áreas de actividad continua y permanente para la vida de la comunidad, donde se permite la agricultura.
  3. Áreas de actividades temporales o estacionales, como ciertas porciones de ríos utilizadas para la pesca comunitaria (Choko), o algunas áreas forestales utilizadas periódicamente para la caza.

Este sistema de zonificación se suma a las costumbres de gestión sostenibles transmitidas de generación en generación, por ejemplo, la pesca (prácticas de pesca colectiva, de temporada, sin usar objetos metálicos), la agricultura (zonas prohibidas) y la recolección o caza (caza de ciertas especies animales autorizada solo para ceremonias y ritos, caza con redes y no con alambre, prohibición de la caza en la estación lluviosa en ciertos espacios por ser el lugar de refugio para los animales, etc.). También se ha creado un comité de supervisión denominado «Bansoni» para codificar y hacer cumplir las normas conocidas como «Kanuniyapori». Dieciséis voluntarios (cuatro personas por aldea), incluidas tres mujeres, patrullan toda el área de Kisimbosa una vez al mes.

Si bien el territorio de Kisimbosa tiene su propia institución de gobernanza basada en este sistema consuetudinario, el gobierno congoleño le ha otorgado el estatus de “concesión forestal”. Este estatus le da a la comunidad la posibilidad de decidir por sí misma cómo gestionar el bosque y, en base a ello, la comunidad de Kisimbosa ha optado por hacer del bosque un área de conservación. A pesar de que esto no le da a Kisimbosa el estatus de área protegida congoleña (para luego aparecer en la lista de áreas protegidas oficiales del país) representa un paso importante hacia el reconocimiento legal de otros tipos de sistemas de conservación y de gobernanza para las áreas conservadas, más allá de las áreas existentes que regula el estado.

Los bosques vivos son una fuente de sustento muy respetada por las comunidades 

El territorio de Kisimbosa ofrece una producción agrícola de alto rendimiento, productos medicinales, caza y pesca sostenibles, troncos y madera para la fabricación de herramientas y muebles, como también savia de diversos árboles con propiedades elásticas, adhesivas, inflamables y lumínicas. Así mismo, existen otros productos forestales útiles como lianas, bambúes y hojas de marantaceae en las que se envuelve la yuca, un alimento esencial en toda África Central. La población también depende del bosque por razones culturales y espirituales que incluyen honrar a sus antepasados, pedir misericordia a los espíritus, mantener los ritos de iniciación, los bailes culturales y las ceremonias para la resolución de conflictos y la mayoría de edad. Los Pueblos Indígenas pigmeos bambuti-babuluko no consideran el bosque un simple espacio geográfico cubierto de árboles, si no un ser vivo con derecho propio que interactúa con ellos. Es una razón de orgullo y necesidad vital con el cual cada persona Índígena Bambuti se identifica fuertemente.

El aislamiento extremo de este territorio de vida crea condiciones de vida particularmente desafiantes para la comunidad, por ejemplo la distancia de los mercados complica el simple intercambio de productos cosechados y de productos manufacturados esenciales. Sin embargo, este aislamiento también ayuda a mantener la rica biodiversidad de la zona y la alta calidad de sus productos forestales. La «estabilidad» que ofrece este territorio ha permitido a la comunidad mantenerse protegida de la pobreza total, a diferencia de otras comunidades indígenas en contextos similares, cuyas tierras les han sido despojadas y ya no pueden practicar sus actividades agrícolas, de caza o sus ritos culturales.

Esta mujer va al mercado con mínimo 20 kg de plátanos, yuca y hojas de marantaceae en la espalda. Llevará esta carga durante más de tres horas y volverá con una carga igualmente pesada de arroz, azúcar, sal y otros productos necesarios para toda su familia. Foto: Christian Chatelain

Bosques amenazados desde fuera por la caza furtiva y la minería y desde dentro por comunidades desanimadas

Kisimbosa está amenazada por varios fenómenos convergentes. El primero y, quizás, el más antiguo es la caza furtiva, una amenaza clara y creciente. Los cazadores bantúes de otras partes del país llevan a cabo prácticas de caza incontroladas e insostenibles, puesto que cazan de todo, en todo momento y con todo tipo de armas (armas de fuego, armas de guerra, cables metálicos, etc.), principalmente por motivos comerciales y, en ocasiones, beneficiándose de alianzas con líderes de gobiernos locales.

La comunidad de Kisimbosa es consciente de la necesidad de preservar su cultura y su entorno frente a este tipo de amenazas desde hace más de 30 años. Desde 2008, han estado totalmente comprometidos con este objetivo, como lo muestra su estatus TICCA , otorgado en 2013 con el apoyo técnico del Consorcio TICCA. El reconocimiento de su territorio de vida por parte de la propia comunidad, así como su reconocimiento legal por parte del estado como concesión forestal, han revitalizado y fortalecido su estructura de gobernanza y, como resultado, el Comité de Consuetudinario de Líderes se ha movilizado y se ha organizado una vigilancia forestal. Además, los miembros de la comunidad, dependiendo de su propia capacidad y disponibilidad, ya no dudan en acudir a los servicios estatales en situaciones de caza furtiva y de otros abusos ambientales.

No obstante, si bien las nuevas regulaciones lograron limitar la caza ilegal por parte de «forasteros», no todas han sido universalmente aceptadas por las comunidades vecinas. De hecho, desde que la comunidad de Kisimbosa reconoció el bosque como un TICCA, a todos se les ha prohibido el acceso para cazar y colocar trampas en grandes cantidades, lo que significa que ahora las comunidades vecinas están cuestionando estas regulaciones y que a veces los vigilantes forestales enfrentan amenazas violentas.

Entrega oficial del título para proteger el bosque de Kisimbosa. Foto: Joseph Itongwa

Una tercera amenaza que enfrenta Kisimbosa transcurre en el interior de la comunidad. Algunos miembros se están impacientando y les gustaría ver que sus bosques contribuyan más rápidamente en satisfacer sus necesidades económicas y sociales, como llevar a los niños a la escuela, mejorar el sistema de salud y satisfacer las diversas necesidades que requieren ingresos familiares.

Los jóvenes están al frente de esta amenaza porque tienen grandes expectativas sobre los tan esperados beneficios que conlleva la conservación de su bosque, pues creen que no están cosechando esos beneficios con la suficiente rapidez. Decepcionados, es posible que dejen de estar dispuestos a comprometerse con los códigos de conducta culturales que les dictan sus mayores. En ese sentido, el abandono de ciertos valores culturales que son necesarios para mantener los ecosistemas de Kisimbosa es una amenaza por sí misma, especialmente si su sistema de transmisión de conocimiento tradicional entre generaciones no se fortalece lo suficiente.

quote

«Ustedes, niños, tienen que mantener su cultura pigmea, pero también ir a la escuela de blancos para que nadie los vuelva a ignorar nunca»

Mukelenga, anciano de la comunidad

Otras amenazas generalizadas son la exploración y la extracción mineras. El territorio de Kisimbosa es una de las regiones en las que algunos mineros han comprado tierras comunitarias en colusión con diputados provinciales y nacionales. Esto representa una amenaza significativa de desalojo para ciertos grupos de la comunidad de Kisimbosa que, sin un reconocimiento y mecanismos de seguridad suficientemente sólidos, corren el riesgo de perder sus bosques.

Por último, aunque el estado congoleño ha otorgado a Kisimbosa una concesión forestal y reconoce los derechos comunitarios de los Pueblos Indígenas bambuti de manera»perpetua», nada garantiza que el mismo estado no pueda retomar el control de este título, degradarlo o reclasificarlo .Esta situación pone en peligro la seguridad relativa que estas comunidades han adquirido en su territorio.

Las mujeres juegan un papel crucial en la conciencia intracomunitaria y la transmisión intergeneracional de los valores culturales Indígenas pigmeos. Foto: Christian Chatelain

En Kisimbosa, los Pigmeos Bambuti-Babuluko están orgullosos de haber salvado su entorno y su cultura

Además de su estatus de concesión forestal, la principal fuente de esperanza para la comunidad bambuti es el orgullo que siente por preservar y asegurar con éxito su territorio que es su fuente de vida. Ellos saben que han salvado su territorio de taladores de madera y funcionarios electos localmente que intentan comprar las tierras de las comunidades, así como de la pérdida de ciertas especies animales que han logrado reintroducir. A pesar de las dificultades iniciales, la falta de información, el desánimo latente y un sentimiento de impotencia ante múltiples agresiones externas, la comunidad ha sabido reaccionar de manera efectiva y ahora se da cuenta que sus esfuerzos han dado frutos, especialmente al ver la llegada de comunidades aledañas que huyen de sus propios bosques porque están siendo desbrozados.

Los objetivos principales de la comunidad Kisimbosa incluyen asegurar que su territorio esté intacto para las generaciones futuras, preservar sus actividades culturales, ecológicas y socioeconómicas que contribuyen al bienestar de sus habitantes y anticiparse a las alteraciones de las estaciones provocadas por el cambio climático. Para lograr plenamente sus ambiciones para el territorio de vida de Kisimbosa, la comunidad ha establecido: (1) una estructura de gobernanza tradicional sostenida y segura, (2) un plan de uso de la tierra, (3) un plan de monitoreo definido y reevaluado periódicamente por asambleas comunitarias, y (4) un sistema de transmisión intergeneracional de conocimiento para preservar la cultura pigmea. El bosque de Kisimbosa es la razón de ser de los Pueblos Indígenas Pigmeos Bambuti-Babuluko y están orgullosos no solo de haber logrado conservarlo, sino también de que sus logros sean reconocidos a mayor escala.

Gracias a la lucha de la comunidad por el reconocimiento legal de sus esfuerzos de conservación, realmente están preservando el bosque de Kisimbosa y la diversidad de plantas y animales que viven en él. El bosque de Kisimbosa es un ejemplo poderoso de cómo las comunidades están conservando los bosques y los procesos ecosistémicos en sus propios términos. También se destaca el papel crucial que pueden desempeñar las comunidades forestales en el secuestro del carbono y la lucha contra la deforestación y la degradación, todo como parte de la estrategia más amplia del gobierno congoleño para combatir el cambio climático.

Siguiendo el ejemplo de Kisimbosa, muchas otras comunidades han declarado sus TICCA y formaron la Alianza Nacional para el Apoyo y la Promoción de las Áreas Indígenas y Comunitarias en la República Democrática del Congo (ANAPAC, por sus siglas en francés).[1] Esperamos que el estado congoleño y muchas otras comunidades rurales, en la República Democrática del Congo y en la subregión, tanto indígenas como no indígenas, aprendan de esta experiencia.


[1] Alliance Nationale d’Appui et de Promotion des Aires du Patrimoine Autochtone et Communautaire en RDCongo, ANAPAC.

Sobre los autores

Joseph Itongwa Mukumo es un Indígena bambuti-babuluko Pigmeo por parte de padre. Lleva trabajando 20 años en defensa de los derechos de los Pueblos Indígenas y de las comunidades locales en la Cuenca del Congo. Como coordinador regional del Consorcio TICCA para África Central y como parte de Alliance Nationale d’Appui et de Promotion des Aires du Patrimoine Autochtone et Communautaire en RDCongo (ANAPAC) ANAPAC apoya la red de territorios de vida TICCA en la RDC y en la región.

Christian Chatelain es co-coordinador para África del Consorcio TICCA. Ha dirigido varias películas sobre los TICCA en la RDC y sobre gobernanza comunitaria en general.

Traducción al español de Pilar Caamaño

Revisión de Pablo Maturana Fuentes