Komon Juyub

El territorio de vida de los 48 Cantones de Totonicapán en Guatemala

Foto: Grazia Borrini-Feyerabend
Autor(es): Junta Directiva de Bienes y Recursos Naturales 48 Cantones, Silvel Elias, Felipe Gómez, y German García

El Bosque Comunal de los 48 Cantones de Totonicapán es el territorio de vida más emblemático de Guatemala, por su modelo de gobernanza indígena basado en principios de cosmovisión, equidad, inclusión y sostenibilidad, que durante cinco siglos mantiene el Pueblo Maya K’iché de Totonicapán. Gracias a este modelo, el bosque ha conservado sus valores ecológicos, culturales, sociales y económicos, tales como: alimentos, plantas medicinales, fuentes de agua, diversidad biológica y mitigación del cambio climático. Este modelo de gobernanza indígena prevalece aún en gran parte de los territorios indígenas del Altiplano de Guatemala.

El territorio de vida Komon Juyub, o Bosque Comunal de los 48 Cantones de Chwimeq’ená,[1] es resguardado por el Pueblo Maya K’iché de Totonicapán como sagrado, con base en valores socioculturales de cosmovisión, identidad e historia ancestral.[2] En este bosque se ubican numerosos sitios ceremoniales. Además, se han identificado más de 1,500 fuentes de agua que abastecen a las comunidades; se obtienen alimentos como hongos, plantas comestibles y medicinales, además de leña y madera para subsistencia; y aunque en declive, muchas familias practican el pastoreo de ovejas como principal medio de vida.

«Es el viejo bosque de Totonicapán – símbolo de la unidad colectiva; el bosque, lugar sagrado«.

Photo: Grazia Borrini-Feyerabend

El territorio de vida Komon Juyub se ubica en el municipio de Totonicapán, departamento del mismo nombre en Guatemala. En el municipio de Totonicapán residen cerca de 104 000 habitantes, el 97% de ellos indígenas Maya K’iché.[3] El municipio está cubierto de bosques, en diferentes modalidades de tenencia: el Bosque Comunal de los 48 Cantones, los bosques de las Parcialidades (organizaciones comunitarias basadas en el parentesco) y los bosques de personas particulares.

El Bosque Comunal de los 48 Cantones de Totonicapán tiene una superficie de 22 000 hectáreas, de las cuales 11 377 fueron declarados el área protegida Parque Regional los Altos de San Miguel Totonicapán en 1997.[4] El viejo bosque comunal, bajo gobernanza ancestral del Pueblo Maya K’iché, es el más emblemático del país. Este territorio de vida es reconocido por su larga tradición en la conservación, gracias a su tenencia colectiva, a la solidez del gobierno territorial comunitario y a los múltiples bienes y servicios que provee para la población. El viejo bosque es símbolo de la unidad colectiva y lugar sagrado.[5] El modelo de gobernanza ancestral incluyente, equitativo y sostenible de manejo forestal comunitario es inspiración para las múltiples personas que lo visitan tanto nacionales como extranjeras.

Localización del Bosque Comunal Komon Juyub en Totonicapán.
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22 000 hectáreas

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Mas que 1500 fuentes de agua

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Guardianes: Pueblo Indígena Maya K’iché de Totonicapán

K’axq’ol y la gestión del territorio de vida

La gobernanza maya del Bosque Comunal es una expresión del derecho a la libre determinación de los Pueblos Indígenas y está bajo la responsabilidad de la Junta de Bienes y Recursos Naturales de 48 Cantones de Totonicapán, un gobierno territorial ancestral con cinco siglos de existencia.[6] Este gobierno está compuesto por una Asamblea Comunal que se integra con representación de las autoridades electas en cada comunidad mediante el sistema de cargos, localmente denominado K’axq’ol (sacrificio y servicio); un servicio comunitario que desde la concepción ancestral significa la misión de cuidar, defender y proteger la vida.

La Asamblea nombra a Cinco Juntas Directivas: de Alcaldes Comunales, de Alguaciles de Primera y Segunda Quincena, de Baños de Agua Caliente y la de Bienes y Recursos Naturales. Esta última, compuesta por nueve personas apoyadas por su asamblea, se hace cargo de la vigilancia y control del bosque comunal, el mantenimiento de los viveros forestales, las tareas de reforestación, así como de la resolución de conflictos. Las normas dentro de la comunidad se transmiten mediante actas, audiencias, reuniones y asambleas, así como las denominadas consignas, un mecanismo por el cual, las autoridades comunitarias salientes, transmiten a las entrantes, las normas que rigen la gobernanza del territorio. En el año 2019, por ejemplo, se acordó celebrar el inicio del ciclo de 260 días del Calendario Sagrado maya (Tzolkin) y quedó como consigna para que las futuras Juntas Directivas de Bienes y Recursos Naturales continúen con la celebración.

La Junta Directiva de Bienes y Recursos Naturales de los 48 Cantones de Totonicapán. Photo: German García

A pesar de su importancia, la gobernanza maya basada en principios espirituales, sociales y culturales ancestrales no está reconocida oficialmente por el estado. La Municipalidad de Totonicapán (una estructura oficial de gobierno local) asumió el control del bosque, sin el consentimiento del pueblo. Y en 1997 propuso ante el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) la creación del área protegida Parque Regional Municipal Los Altos de San Miguel Totonicapán, administrado por la Municipalidad. Aunque la conversión del bosque comunal en área protegida no cuenta con el consentimiento del pueblo, se han desarrollado cierto grado de convivencia y algunas coordinaciones. Por ejemplo, el CONAP apoya a 48 Cantones con un asesor técnico, que trabaja exclusivamente con ellos (el único caso del país que cuenta con este apoyo). El control y denuncia sobre actividades ilícitas en el bosque, se hace con apoyo de la Policía Nacional Civil y los Tribunales de Justicia. Los custodios tienen una oficina específica, cuentan con equipo de cómputo, cámaras, teléfonos celulares y GPS.

Un elemento central de la gobernanza y vigilancia ejercidas por la Junta de los 48 Cantones son los recorridos de verificación, que consisten en una caminata a través del bosque, realizada anualmente, durante el cambio de la Junta. Con la participación de las autoridades entrantes y salientes, acompañadas de un gran número de comuneros, el recorrido no sólo sirve para descubrir infracciones y discutir acciones al respecto, sino también para transmitir conocimientos sobre el territorio de vida y sus múltiples valores. Estos recorridos de verificación del bosque y sus linderos durante el cambio de autoridades locales, son prácticas muy utilizada por las comunidades del Altiplano Occidental que cuentan con bosques comunales.

La gobernanza se fortalece con alianzas con diversas entidades, tales como: universidades, organizaciones ecológicas, entidades gubernamentales y organismos de cooperación. Recientemente, ha habido un acercamiento, intercambio, discusión interna y participación entre la Junta de Bienes y Recursos Naturales de 48 Cantones y el Consorcio TICCA, a través de la red nacional TICCA Guatemala, con base en la afinidad de objetivos y principios de trabajo.

Una parte del Bosque Comunal de los 48 Cantones de Totonicapán. Photo: Grazia Borrini-Feyerabend

Un territorio sosteniendo numerosas formas de vida

En el territorio del Komon Juyub se conservan importantes valores históricos y socioculturales, incluso sitios considerados sagrados, como por ejemplo: Tzilin Chich Abaj (Campana de Piedra), Tum abaj (Tambor de Piedra), Kojom Abaj (Marimba de Piedra), Yamanik (María Tecun), Piedra Coyote, Saq Kab’, Chwi K’axtun y las Cuevas de San Miguel, en donde se realizan celebraciones espirituales para el bienestar familiar y colectivo, como la petición de la lluvia, la bendición de semillas, la protección de la vida de las comunidades y el Waxakib Batz (Ciclo de 260 días del calendario sagrado maya Tzolkin).

El territorio tiene un alto valor hidrológico, ya que ahí se ubica la cabecera de cuatro cuencas hidrográficas que marcan la línea divisoria de aguas hacia el Golfo de México, el Mar Caribe, el Océano Pacífico y también las principales fuentes que abastecen al Lago de Atitlán (uno de los principales atractivos turísticos del país). Un valor fundamental para los residentes locales es el agua que consumen y cuyas fuentes se encuentran en el bosque comunal, por lo que la certeza de tener acceso al agua es una motivación principal de los esfuerzos de conservación del territorio de vida. Las comunidades se organizan en Comités de Agua para gestionar la dotación y mantenimiento de los servicios de agua domiciliar, para lo cual pagan la tarifa que cada comité establece. Pero también deben contribuir con su K’axq’ol cuando les corresponde y participar en las actividades de mantenimiento del bosque, tales como la reforestación y el control de incendios.

Photo: Grazia Borrini-Feyerabend

La población de Totonicapán tiene un ingreso inferior al promedio nacional y se ubica en el rango de mayor pobreza económica del país. Hasta hace dos décadas, el bosque era la principal fuente de abastecimiento de madera para la producción de muebles, una de las principales actividades económicas en el municipio. Pero al convertirse en área protegida del estado, se ha limitado el acceso y con eso, la contribución del bosque a los medios de vida locales. No obstante, unas mil familias que habitan en las 16 comunidades asentadas más cerca del bosque complementan las actividades productivas agrícolas, artesanales y comerciales con la recolección de productos no maderables del bosque (constituyendo hasta el 20% de su subsistencia): miel, frutas, 30 especies de hongos silvestres comestibles, y plantas medicinales.

Este territorio de vida se ubica en un ecosistema de alta montaña, arriba de 3000 metros de altitud sobre el nivel del mar, lo que le confiere características de endemismo. Es el principal reservorio de especies arbóreas endémicas incluidas en la Lista de Especies Amenazadas, tales como pinabete (Abies guatemalensis Rehder), seis especies de pino (Pinus sp.), madrón (Arbutus xalapensis), además, cinco especies de aves, como el pavo de cacho (Oreophasis derbianus) y diez especies de mamíferos, como los conejos (Sylvalagus spp) y los coyotes (Canis spp), felinos menores, y otras especies de animales, plantas, y hongos propias de este ecosistema. Su extensión y buena cobertura boscosa contribuye con la conectividad de paisajes entre los bosques de altura y los pisos altitudinales más bajos. Finalmente, el bosque ayuda a reducir la erosión de los suelos y mitigar el impacto del cambio climático, como sequías prolongadas, lluvias intensas y tormentas lluviosas, además contribuye a capturar carbono.

Situación jurídica y amenazas para el territorio de vida

Siendo la tenencia de la tierra de tipo comunal o colectiva, el principal sujeto de derecho son las comunidades del municipio de Totonicapán, aglutinadas en la organización de los 48 Cantones, desde dónde se aplican principios del sistema jurídico propio para regular el uso, acceso y control territorial. Sin embargo, los títulos de propiedad de la tierra, que están en poder y a nombre del Pueblo K’iché de Totonicapán, también son disputados por la Municipalidad de Totonicapán. La mitad del territorio del bosque comunal está registrado como un área protegida del estado, en donde prevalecen normas oficiales establecidas por el CONAP. Existe una superposición de derechos entre: la tenencia legítima y la gobernanza ancestral ejercida por 48 Cantones; la titularidad oficial de la tierra que tiene la Municipalidad, y el manejo del territorio como área protegida del estado. Esta falta de claridad genera disputas e incertidumbre en la toma de decisiones, sobre todo con respecto al acceso, el uso y la administración de recursos gubernamentales o de cooperación externa para el territorio. La inseguridad jurídica y la falta de reconocimiento y apoyo a la Junta de Bienes y Recursos Naturales 48 Cantones, quienes son los verdaderos custodios del territorio, puede ser una amenaza a largo plazo, pero no ha sido obstáculo para que la gobernanza comunitaria siga vigente hasta ahora.

Dado su liderazgo y capacidad de convocatoria, la organización de los 48 Cantones también enfrenta la amenaza de la cooptación por parte de partidos políticos, funcionarios gubernamentales y actores económicos que quieren aprovechar su potencial organizativo. También, la migración de jóvenes hacia otros países está creando una brecha intergeneracional que afecta la gobernanza y gestión del territorio. Otra amenaza sobre el territorio es el saqueo de productos del bosque con fines comerciales, especialmente leña, madera y productos que se utilizan como adornos navideños (musgo, bromelias, pinabete), situación que obliga a redoblar esfuerzos de control y vigilancia durante la temporada. También, la plaga del gorgojo del pino (Dendroctonus spp) ha dañado grandes extensiones de bosques de pino colorado (Pinus oocarpa Schiede ex Schltdl).

El sistema de control y vigilancia, así como las decisiones realizas por la Junta Directiva de Bienes y Recursos Naturales de 48 Cantones, ayudan a contrarrestar estas amenazas y a prevenir y reducir la intensidad de los conflictos. Las comunidades están conscientes de las amenazas sobre su territorio ancestral, razón por la cual discuten en las asambleas comunitarias cómo enfrentarlas. Esto incluye el posicionamiento frente a decisiones de los tres organismos del estado que les afectan, por ejemplo, el sistema de justicia y la lucha contra la corrupción, proyectos de industrias extractivas e hidroeléctricas, así como las propuestas para una ley de aguas a nivel nacional.[7] La organización de los 48 Cantones se pronuncia constantemente sobre la situación política, social, económica y ambiental del país, constituyéndose así en un actor social de referencia y demostrando una vez más su poder interno y su integridad como institución indígena.

Una visita al vivero comunal. Photo: Grazia Borrini-Feyerabend

Auto-declarar el Bosque Comunal como territorio de vida

Totonicapán continúa siendo un bastión de resistencia por su modelo organizativo propio de los Pueblos Indígenas.[8] Su lucha por la defensa del territorio ha sido constantemente reprimida por el estado, desde el célebre levantamiento del Pueblo Maya K’iché de Totonicapán, hace 200 años, conducido por Atanasio Tzul y Lucas Akiral en 1820,[9] hasta la Masacre de Alaska del 4 de octubre de 2012, donde seis Indígenas Maya K’iché fueron asesinados por personal militar durante una manifestación pacífica.[10] No obstante, la población sigue firme en su visión de mantener alejadas del territorio a las industrias extractivas, principalmente las mineras, los monocultivos y las hidroeléctricas, consideradas nocivas por sus costos ambientales y sociales.

Frente al interés de diversos sectores de contar con una ley de aguas, 48 Cantones, exige que se respete su derecho de dar o negar el consentimiento previo, libre e informado, siempre cuando el estado desarrolle o autorice proyectos que afecten el territorio de vida, para no ver violentados sus derechos como verdaderos custodios del territorio y de las fuentes de agua.

En el marco de la conmemoración de los 200 años del levantamiento del Pueblo Maya K’iché de Totonicapán, se plantea declarar el Bosque Comunal como TICCA–territorio de vida. De esta manera, se toma como objetivo que la estructura de Bienes y Recursos Naturales se fortalezca y que se documente la experiencia de cientos de años del ejercicio de control autónomo sobre este bosque. La Junta de Bienes y Recursos Naturales de 48 Cantones desea dar a conocer su experiencia de gobernanza con otros pueblos y comunidades, pero también aprender de otras experiencias para el fortalecimiento mutuo en Guatemala, América Latina y el mundo.

Photo: Grazia Borrini-Feyerabend

[1] Chwimeq’ená, en idioma maya K’iché significa el lugar sobre el agua caliente. Con la invasión española, este lugar fue renombrado como San Miguel Totonicapán. En idioma Náhuatl, hablado por los Indígenas que venían con los españoles, Atotonilco, también significa lo mismo. Los residentes locales siguen utilizando el nombre nativo de Chuimeq’ená para referirse a su territorio ancestral.

[2] Elías, Silvel, Anne Larson y Juan Mendoza. 2009. Tenencia de la tierra, bosques y medios de vida en el altiplano Occidental de Guatemala. Guatemala: Editorial de Ciencias Sociales.

[3] De acuerdo con el Censo Nacional de Población de 2018, 1.7 millones de habitantes pertenecen al Pueblo Maya K’iché, lo que representa el 11,5% de la población total de Guatemala.

[4] Parkswatch. Parque Regional Municipal los Altos de San Miguel Totonicapán.

[5] Ixchú, Andrea. 2012. Totonicapán. Un bosque.

[6] Stener Ekern. 2014. Para entender Totonicapán: poder local y alcaldía indígena. Revista Diálogo, 8. 

[7]Escalón, Sebastián. 2016. La ley maldita. Plaza publica.

[8] Gamazo, Carolina. 2016. Totonicapán. El poder político de un bosque.

[9] González Alzate, Jorge. 2010. Levantamiento K’iche’ en Totonicapán 1820: Los lugares de las políticas subalternas. LiminaR, 8(2): 219-226.

[10] Consejo Editorial Plaza Pública. 2012. Toto: un parteaguas para el país. Plaza pubica.

Sobre los autores

El estudio fue realizado en coautoría con la Junta Directiva de Bienes y Recursos de los 48 Cantones de Totonicapán, quienes dieron su consentimiento libre, previo e informado. Con la Junta Directiva de 2019 y la nueva Junta Directiva de Bienes y Recursos Naturales de 2020, se definieron acuerdos para reuniones de trabajo, revisión y aprobación del informe.

Silvel Elias, Profesor en la Universidad de San Carlos de Guatemala y Miembro Honorario del Consorcio TICCA.

Felipe Gómez, Consultor de Campo, pertenece al Pueblo Maya K’iché y es Miembro del Consejo del Consorcio TICCA, con responsabilidad especial en Mesoamérica.

German García es Técnico del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), adscrito a la Junta Directiva de Bienes y Recursos de los 48 Cantones de Totonicapán.

Revisión de Constanza Monterrubio Solís